
La envidia, la gula, la traición, el deseo, la pasión, la avaricia... son expresiones simbólicas de los comportamientos humanos. Nos dejamos arrastrar por unos y por otros, en función de muchos factores y circunstancias. Pero estos símbolos premoritorios ya estaban ahí, los antiguos supieron verlos de manera sobresaliente, y entre ellos, los griegos alcanzaron la perfección suma a la hora de transmitir sentimientos, ya en el siglo VII a. C. se comenzó a transmitir de manera profusa y delicada (Homero como incio de este gran camino poético, mucho antes), primero al mundo griego luego al resto de la orbe terrestre. Autores como:Calino, Tirteo,Mimnermo, Solón, Jenófones, Semónides, Anacreonte, Alcmán, Estesícoro, Íbico, Semónides... contribuyeron en aquella època llamada arcaica a elevar el canto y su conocimiento de manera magistral, convirtiéndose así en uno de los elementos definitorios de la cultura Occidental y por extensión de la cultura Universal. Para no perdernos ante esta ingente lista de gigantes escritores, el valor del estudioso y antólogo se convierte en fundamental, así Juan Ferraté (Reus, 1924) cumplió una labor notable de investigación y publicación de obras capitales ya desde los años sesenta del siglo XX. Con varias reendiciones: Líricos griegos arcaicos (Editorial Acantilado, Barcelona, 2000) se ha convertido en un libro imprescindible para cualquier amante del mundo clásico o también para aquella persona que quiera acercarse a dicho mundo con ciertas garantias. Un libro brújula que nos sirve para orientarnos y no perdernos ante la ingente poesía que encontramos en este mundo arcaico y mágico. Hace muchos años los arcaicos dijeron esto...
No existe hombre feliz; al contrario, son todos miseria
los mortales que el sol desde arriba va viendo.
(Solón).
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De la prudencia no es fácil saber la invisible medida,
que, sola, gobierna de todas las cosas el límite.
(Solón).
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No gruñas como la onda
del mar, con la estridente
Gastrodora bebiendo
a chorro de la copa.
(Anacreonte).
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Otra vez quiero y no quiero
y deliro y no deliro.
(Anacreonte).
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Por tu lujuria he acabado
así de hinchada y legañosa.
(Anacreonte).
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Siendo tan largo el tiempo de estar muertos,
vivimos malamente pocos años.
(Semónides).