jueves, 23 de diciembre de 2010

José Watanabe está con nosotros. Descubriendo poetas del otro charco.


Me encuentro hoy un tanto desolado, en mi último viaje a Madrid en la librería Central encuentro varios libros interesantes, entre ellos una antología del poeta peruano José Watanabe titulada: "Elogio del Refranamiento (1971-2003)" editada por Renacimiento en el año 2003. Un poeta que se ha comenzado a reivindicar en España estos últimos años con la publicación de varias de sus obras en una de las editoriales más prestigiosas del momento como es: Pretextos. Nacido en Laredo, Trujillo, en el año 1946, poeta de altos vuelos, reviso una antología fundamental de las letras hispanas como fue: "Las Ínsulas Extrañas" editada por Galaxia Gutenberg en el año 2002 y aparece dicho autor peruano entre los selecionados (libro que recomiendo también fervientemente). Buceo en Internet para saber algo más del autor y me encuentro con la luctuosa noticia de su muerte el 25 de abril del 2007 en Lima. No recuerdo a ningún medio que se hiciera eco de dicha noticia de manera profusa por aquellos años. Un poeta a reivindicar, de
ascendencia japonesa, experto en el haiku y el mundo oriental, influido de forma clara por los simbolistas franceses, maestro de la sentencia y la poesía meditativa bajo ciertos toques de humor e ironía. Versos claros que iluminan razón y pensamiento. Sirva este un pequeño homenaje a un poeta popular y querido allá en el otro charco, desconocido pero querido en estas tierras asturianas. Una buena manera de honrar su memoria. Comprar esta bonita antología: "Elogio del Refrenamiento" y leer una y mil veces sus auténticos poemas.
EN EL DESIERTO DE OLMOS
El viejo talador de espinos para carbón de palo
cuelga en el dintel de su cabaña
una obstinada lámpara de querosene,
y sobre la arena
se extiende un semicírculo de luz hospitalaria.
Este es nuestro pequeño espacio de confianza.
Más allá de la sutil frontera, en la oscuridad,
nos atisba la repugnante fauna que el viejo crea,
los imposibles injertos de los seres del aire y la tierra
y que hoy son para su propio y vivo miedo:
La imginación trabaja sola, aun en contra.
La iguana sí es verdadera, aunque mítica. El viejo la decapita
y la desangra sobre un cacharro indigno,
y el perrro lame la cuajarada roja como si fuera su vicio.
Rápida es olorosa
la blanca carne de la iguana en la baqueta de asar.
El viejo la destaza y comemos
y el perro espera paciente los delicados huesos.
Impensadamente
arrojo los huesos fuera de la luz
y tras ellos el animal entra en el país nocturno y enemigo.
Desde la oscuridad aúlla estremecido
y seguramente queriendo alcanzar
entre la inestable arena
con ansia
nuestro pequeño espacio de confianza.
Oigo entonces el reproche del viejo: deja los huesos cerca,
el perro
también es paisano.
José Watanabe (Del libro: Historia Natural (1994)).

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