miércoles, 21 de julio de 2010

Antonio Cabrera y el arte de ser breve.


Hoy (miércoles) tenemos la oportunidad de escuchar al poeta Antonio Cabrera dentro de las veladas poéticas que organiza la UIMP. Coordinadas por: Carlos Alcorta y Rafael Fombellida. Objetivo de este año: Acercar a los estudiantes y los amantes de la poesía algunas de las voces poéticas más representativas de la poesía europea actual. Así, han pasado o van a pasar: el jueves 24 de junio Eloy Sánchez Rosillo (España), el jueves 8 de julio Yolanda Soler Onís (España), el jueves 5 de agosto Kostas Vrajnos (Grecia), el jueves 19 de agosto Ervin Hatibi (Albania), el jueves 2 de septiembre Massimo Gezzi (Italia). Voces variadas, algunas discutidas pero siempre interesantes. En estos eventos se reciben críticas por todos los lados porque nunca pueden estar todos, pero la muestra al menos recoge voces europeas notables. Siempre suelen protestar, y esto no es nada raro quien nunca, repito, nunca organiza nada para el resto. Los organizadores deberían ser conscientes de ello, aunque la crítica constructiva siempre se debería tener en cuenta. Algunos "escritores criticones" de este país se piensan que están llamados siempre a participar, mejor se quedaban en casa, pues la sorpresa ante el posible acto literario organizado por estos personajes sería el doble de cerrado y sectario que el criticado. Repito, este miércoles, tenemos con nosotros, en Santander a: Antonio Cabrera, poeta nacido en 1958, en Medina Sidonia (Cádiz), aunque vive desde los siete años en la Comunidad Valenciana, donde ejerce la docencia de la Filosofía en un instituto de la localidad de Sagunto. Es autor de varios libros de poemas en los que caben destacar: En la estación perpetua (Visor, 2000), que mereció el XII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe y el Premio Nacional de la Crítica; 2001, y Con el aire (Visor, 2004), por el que fue galardonado con el XXV Premio Ciudad de Melilla, así como con el Premio de la Crítica Valenciana 2005. Entre sus libros, mi preferido es una colección de haikus de tema ornitológico titulado Tierra en el cielo (Pre-Textos, 2001) aunque reconozco que no he leído lo suficiente para tener una opinión profunda, así que, la velada poética promete ser interesante por mi desconocimiento parcial del autor. La importancia del aedo (el recitador, el cantor) es fundamental en estos casos. Ese encuentro entre lector y recitador cuando se produce, puede llevar al climax más absoluto del goce o a la decepción más eterna. Abrir significados ocultos através de la melodía, la entonación personal de las palabras y la fuerza con que son transmitidos esos versos pueden llevar sin lugar a dudas a un encuentro decisivo y vital a ese lector anónimo. Muchas veces, preferimos no escuchar al poeta pues puede en ocasiones, romper el embrujo de nuestros lecturas pasadas. Esta noche estaremos alerta. Por lo pronto les dejo con dos haikus del libro de poemas: Tierra en el cielo, a ver que les parecen. Salud y buenos alimentos.

Estornino


Otoño urbano.


El crepúsculo bulle


hasta apagarse.


***


Avefría


Diciembre. Pasos


junto al agua tranquila.


Reflejo y vuelo.

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