sábado, 12 de junio de 2010

Brillando con luz propia: Jorge Esquinca y el arte de cazar poéticas estrellas.


Decir que México es una potencia en el mundo literario es decir una obviedad, y si a esto unimos la obtención del último premio Cervantes a mi admirado mexicano: José Emilio Pacheco, premio justo a una trayectoria de una de las voces hispanas más personales de la segunda mitad del siglo XX, nos encontramos ante una evidente constatación de lo dicho. Atrás quedaron gigantes literarios como: Alfonso Reyes, Jaime Sabines o Octavio Paz. Pero la buena salud mexicana no se debe en mi opinión al brillo fulgente de estrellas individuales en el panorama literario universal, es una labor terca e insistente de público y escritores de mi querido México. Y si nos ponemos a pensar, se produce a pesar de un idioma común y unos medios potentes de comunicación (como son: Internet, televisión, etc.) que permite ese acercamiento al lector ávido de buenos versos, llega la gran paradoja del desconocimiento cercano. Alguna antología en editoriales de prestigio que han ido saliendo en el panorama español en estos últimos años enmendan los errores pasados de los editores hispanos, pero el desconocimiento sigue ahí, terco e incomprensible. El continente americano, ya lo he dicho en numerosos debates y entrevistas es el gran lugar desconocido, y de forma significativa esa encarnación queda plasmada en: México, país de más de cien millones de hispanohablantes, de actividad ingente y creadora. Creo que muy pocos lectores conocen a día de hoy a: Jorge Esquinca (Ciudad de México, 1957) como a otros muchos escritores de dicho país, reconozco mi desconocimiento hasta hace bien poco, prometo enmendar este error. Un poeta prodigioso y original, escritor mexicano, conocido en su país, popular poeta y dinamizador cultural. Jorge Esquinca en la actualidad vive en Guadalajara desde 1968. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación. Ha trabajado como editor, traductor, articulista y promotor cultural. Tiene publicados, entre otros, los siguientes libros de poesía: Alianza de los reinos (1988), Paloma de otros diluvios (1990), El cardo en la voz (1991) con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (uno de los premios más importante en México), Isla de las manos reunidas (1997), Uccello (2001). Ha traducido libros de Pierre Reverdy, W. S. Merwin, (su versión de La rosa náutica mereció el Premio Nacional de Traducción de Poesía); Henri Michaux, André du Bouchet, Alain Borer...
Poeta del simbolismo, de la metáfora eterna, del amor por lo visual, dominador de numerosos registros estéticos. Ahí les dejo con varios de sus poemas (Del libro: Vena Cava. Biblioteca Era,2002.) para que saboreen estos sanos alimentos:


Tú, la sombra que abrevia -Tú, la parcela no tocada- Tú,

el vocablo que germina.

*

Desde la roca, a orillas de ti, entre un abismo y otro. Desde

la grieta, sostenido en una pausa, oigo crecer el árbol. Con la

noche por casa, con la casa cuestas, miro la pequeña

profecía de tu cara. Ya no estás. ¿Estuviste? Tu cercanía di-

lataba el horizonte. En la contienda del aliento y la palabra

-el árbol, este cuerpo- lo que tiembla.

*

En lo cerrado, dejo que tu voz me abra. En lo sellado, dejo

que entre tu voz. En el filo de esta roca que se vuelca en

sombra,dejo tu voz. Entre nosotros y lo que no puede decir-

se - un mar.

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